Crónica Morelos
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Durante mucho tiempo, la ciudad de Cuernavaca, en Morelos, fue un lugar para pasar los fines de semana, aprovechando su excelente clima recostados junto a una alberca, el cuerpo lleno de bronceador y una cerveza en la mano.
Sin embargo, esta forma de disfrutar y descansar ha quedado atrás, para dar a paso a la actividad como una forma de distracción.
Hoy, lanzarse desde un avión a 10,000 pies de altura sin haber practicado el paracaidismo, tomar por la cola un "monstruo de Gila" o hacer rappel en Chalcatzingo, con las ruinas en primer plano y el Popocatépetl delineando el horizonte, son algunas de estas opciones.
El estado de Morelos, más allá de sus evocaciones patrias, de las casas de fin de semana y de las horas de meditación en Tepoztlán, tiene uno de los santuarios de animales más importantes del país y uno de los espacios mejor dotados del mundo para los deportes aéreos.
Y está tan cerca de la Ciudad de México como para visitarlo un día y es tan diferente, a la vez, como para tomar unas largas vacaciones, sin tener que subirse en un avión.
Ecoturismo
"Tócalo. Es probable que sea la única vez en tu vida en que puedas acariciar un monstruo de Gila".
Hara Alcaraz Cruz es un apasionado de los reptiles que estudió en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y que se ha hecho cargo del herpetario del Centro de Educación Ambiental e Investigación Sierra de Huautla.
En este centro ha logrado la procreación de boas en cautiverio e inició una colección de todos los reptiles originarios de esta región, incluyendo las víboras de cascabel. Su propósito es repoblar algunas zonas que han sido depredadas, pero, sobre todo, poner a los viajeros en contacto con estos seres que han sido víctimas de una mala fama injustificada.
Ubicado en la reserva de la biosfera de la Selva Baja Caducifolia del Sur, este centro mantiene abierto un programa de ecoturismo familiar de fin de semana, que incluye atractivos como un paseo por un sendero interpretativo, la práctica de actividades al aire libre, un recorrido por una mina abandonada, una mañana de pesca y una visita a un proyecto para cultivar hongos comestibles.
En esta zona hay 56 especies de reptiles, entre ellos el escorpión o monstruo de Gila; 180 especies de aves, incluyendo al carismático pájaro bandera; y cinco de las seis especies de felinos salvajes de México: ocelote, tigrillo, gato de monte, yaguaroundi y puma; así como miles de insectos.
Pernoctar en una cabaña y recibir la explicación permanente de los biólogos son hechos aún más increíbles, si se considera que este lugar está a sólo tres horas de la Ciudad de México.
O, como dice su lema: "Suficientemente lejos, suficientemente cerca".
Desde las alturas
Chalcatzingo es un pequeño poblado de menos de 3,000 habitantes y adquirió su nombre en el siglo XIII al convertirse en un centro ceremonial y comercial del grupo Chalca-Xochimilca.
Todavía en proceso de exploración, este centro arqueológico en el que trabajó hace años Román Piña Chan, uno de los arqueólogos más famosos de México, es conocido por sus bajorrelieves y magníficas estelas.
Dos montañas de granito vigilan los vestigios y en ellas Stephen Mac Donald, un canadiense que es dueño de una escuela de escalada en roca de Cuernavaca, sueña con que este sitio se transforme en uno de los destinos más importantes en México para practicar este deporte.
Más allá de las características físicas de las piedras, en las que los aficionados compiten consigo mismos y prueban su valor, la vista es impresionante.
Un valle por donde la mirada se pierde y donde la luz ilumina, por tramos, las cúpulas rojas de una capilla del siglo XVI, es en sí un espectáculo para los amantes de la naturaleza.
Un paraíso para quien guste de esta actividad repleta de adrenalina, aunque nunca tanta como la que acumulan los aficionados al paracaidismo, que asisten al aeródromo de Tequesquitengo.
"Es una válvula de escape en vez del alcohol o las drogas", resume Ramiro Sánchez, un instructor con alrededor de 6,000 saltos en su acervo.
Una actividad que se revolucionó con el paracaídas tándem, que permite a un principiante saltar junto con un experto, con lo que cualquier persona que pese menos de 90 kilos puede vivir esta emoción.
Los paracaídas, además, están dotados con un altímetro y un censor que expulsa automáticamente un paracaídas de emergencia, en caso de que falle el principal, lo que reduce casi a cero la posibilidad de estrellarse.
Sánchez lleva también un registro de los comentarios de las personas que han saltado, las que no podrían ser más elocuentes:
"Una de las cosas más tremendas que puedes sentir. Es un orgasmo volador".
"Dios, 30 segundos, no cabe duda que vuelves a nacer".
"Más que un orgasmo, una seria plática con el cielo.
Otra experiencia que vale la pena vivir en Tequesquitengo es el vuelo en ultraligero,
una versión ligth de la aeronáutica.
Estos aviones de dos plazas, que a 500 metros de altura parecen unos mosquitos, son propicios para todas las edades, desde niños de uno a dos años, acompañados por sus padres, hasta personas de más de 60.
De acuerdo con los expertos, volar en estos pequeños aeroplanos no es peligroso, siempre y cuando se cumpla con los requisitos de seguridad.
Es decir, que tanto el piloto como el aparato se encuentren en óptimas condiciones.
El ruido escandaloso del motor es amortiguado con unas orejeras que hacen disfrutable el paseo.
Después de carretear unos cientos de metros, los ultraligeros despegan y suben rápidamente, generando esa sensación única que proviene de apartarse cada vez más de la tierra.
La primera ocasión es imposible mantener la adrenalina en su sitio. Un piloto y un tripulante por aparato inician la experiencia de sobrevolar el lago de Tequesquitengo y sus alrededores.
Las casas de descanso, los hoteles y las grandes explanadas verdes de este valle que es considerado uno de los mejores en el mundo para practicar este deporte, son el contexto de esta experiencia.
Pronto los ojos se inundan de lágrimas, pero no por la emoción sino por la velocidad y el contacto con el viento.
Al fin, cuando se llega al punto más alto, se percibe esa sensación extraordinaria de volar con autonomía. De pronto, el piloto apaga el motor y el ultraligero planea, se mueve al ritmo del viento, sube y baja con facilidad, sin sobresaltos, hasta que antes de iniciar el proceso de aterrizaje enciende nuevamente la máquina y se mueve en busca de la pista.
Esos pequeños aparatos que llegan a costar hasta 40,000 dólares, tienen una autonomía de varias horas, por lo que incluso es posible viajar hasta las imponentes ruinas de Xochicalco.
Al final de cada vuelo siempre habrá una historia que contar.
La ciudad de la eterna diversión
Por su parte, Cuernavaca, la capital de la entidad, tampoco se ha quedado atrás. De ser la "ciudad de la eterna primavera", se ha convertido además en la ciudad de la eterna diversión.
Este centro turístico ha evolucionado en su oferta para el viajero, para atraer a los adultos que gustan de los buenos restaurantes, hoteles de gran clase, golf, centros Spa y, por supuesto, un clima inmejorable.
Los vestigios que dan cuenta de que esta ciudad alguna vez fue el refugio preferido de celebridades de todo el mundo, son las enormes casonas de esos actores, pintores y escritores, muchas de las cuales hoy albergan a exclusivos restaurantes o hermosos hoteles, ambos con la característica de lucir inmensos y bien cuidados jardines llenos de flores, viejos y frondosos árboles y palmeras.
Inclusive, tánto verde han presumido los comederos clásicos de Cuernavaca, como Las Mañanitas, Maximiliam, El Gallinero, La India Bonita o La Pancha, casa que fue propiedad del pintor Rufino Tamayo; que la moda ha impuesto el gusto por concurrir a lugares cerrados, sin jardines, donde lo que hay que admirar son los grandes espacios interiores, la arquitectura, la suntuosidad añeja y la decoración moderna.
Entre estos destacan La Gaia, constituida en la que fuera casa de Mario Moreno "Cantinflas" y cuya alberca luce figuras realizadas con mosaicos fosforescentes.
También están el Centro Castellano; Casa Hidalgo, con terrazas desde las que se puede admirar el Palacio de Cortés del otro lado de la calle; y La Estrada, entre otros.
En Cuernavaca las mañanas pueden empezar muy bien jugando golf. Los aficionados a este deporte tienen para escoger entre varios campos.
O, si lo prefiere, puede practicar tenis en la cancha del hotel o el Raquet Club, a donde obligadamente debe asistir vestido de blanco. Aquí podrá admirar también la parte colonial antigua del deportivo, así como su alberca y jardines.
También sobresale la cantidad de hoteles de primer nivel que la ciudad tiene para el visitante: Villa Béjar, Las Quintas, Camino Real, Hacienda de Cortés, Misión del Sol y María Cristina, sólo por citar algunos.
Y, lo mejor de todo, Cuernavaca está a tan sólo 45 minutos de la Ciudad de México, con una de las mejores autopistas de todo el país.
Como se ve, en conjunto, Morelos es bastante más divertido que destapar una cerveza junto a la alberca.
Saltar en paracaídas... o el sueño de volar
Lanzarse en un paracaídas, brincando fuera del avión a tres mil metros de altura, es hacer realidad el sueño de volar.
Y esto puede lograrse en Cuautla, donde organizaciones como el Centro de Paracaidismo ofrecen vivir esta experiencia única, con tres programas diferentes para realizar el primer salto con instructores capacitados.
El paracaidismo ha evolucionado sorprendentemente en los últimos años, sobre todo en cuanto a seguridad, con dispositivos que abren el paracaídas automáticamente si es que no se quiere hacer de forma manual.
Además, ahora son totalmente controlables, con lo cual se elimina la posible colisión con objetos en tierra, mientras que los aterrizajes de pie han eliminado prácticamente las lesiones de tobillo.
Si alguien se anima a realizar su primer salto, el método tandem es el ideal para principiantes, ya que se efectúa junto con un experto al cual se va enganchado por medio de un arnés.
Después de una breve capacitación teórica en tierra, el novato despega con el instructor y realiza una caída libre de aproximadamente 35 segundos, hasta que el guía abre el paracaídas que está diseñado para soportar el peso de dos personas.
También existen los saltos en cinta estática, que se realizan a una altura de poco más de mil metros y en los cuales no hay caída libre, ya que en cuanto se sale de la aeronave el paracaídas se abre de inmediato por medio de un cordón asegurado al avión.
Por otro lado, el Programa Acelerado de Caída Libre (ACL) es el estándar mundial para la certificación como paracaidista, ya que con tan sólo siete saltos se recibe el certificado que permite saltar sin instructor.
Este sistema se diseñó para aquellos que estén seriamente interesados en el paracaidismo como deporte, o también para quienes desean realizar un salto con paracaídas individual.
Entre los requisitos que hay que cumplir para inscribirse en este programa, están pesar menos de 115 kilogramos y tener 18 años de edad cumplidos.
A Cuautla, localidad del estado de Morelos, se llega, desde la Ciudad de México, tomando la autopista a Cuernavaca y luego la desviación hacia Cuautla y Tepoztlán. Después se debe seguir los señalamientos a Cocoyoc, hasta encontrar un anuncio que indica la entrada al aeródromo.
Otro camino es por la carretera libre a Oaxtepec, pasando por Xochimilco y siguiendo los señalamientos hacia Cocoyoc; ahí se debe tomar la desviación hacia Cuautla y a tres kilómetros y medio se encontrará el sitio.
Los saltos se realizan todos los fines de semana y días festivos, desde las ocho y media de la mañana hasta las seis de la tarde, con las excepciones que pude ocasionar un mal clima.
En Morelos también hay acción
En el estado de Morelos se encuentra uno de los santuarios de animales más importantes de México y una de las regiones más propicias para la práctica de deportes aéreos.
Ahí se ubica el Centro de Educación Ambiental e Investigación Sierra de Huautla, donde existe un herpetario en el que han logrado la reproducción de boas en cautiverio y poseen una colección de todos los reptiles originarios de la región, la cual incluye víboras de cascabel.
Uno de los objetivos de este centro es poner a los visitantes en contacto con estos seres que, dicen los especialistas, gozan de una mala fama
que en su mayoría no merecen.
Localizado en la Reserva de la Biosfera de la Selva Baja Caducifolia del Sur, este lugar mantiene un programa de ecoturismo familiar los fines de semana, cuyas actividades incluyen un paseo por un sendero interpretativo, la práctica de actividades al aire libre, un recorrido por una mina abandonada y la visita a una parcela donde cultivan hongos comestibles.
En esta zona se encuentran clasificadas 56 especies de reptiles, entre las que se cuenta al escorpión o monstruo de Gila; 180 especies de aves y cinco de las seis especies de felinos salvajes que hay en México: tigrillo, gato de monte, ocelote, puma y yaguaroundi; además de miles de insectos.
Pero quizá lo que resulta más increíble, es que este lugar se localiza a tan sólo tres horas de la Ciudad de México por carretera.
Por otra parte, Chalcatzingo es un pequeño poblado que en el siglo XIII fue convertido en un centro ceremonial y donde hoy se pueden admirar bajorrelieves y soberbias estelas.
Ahí se encuentran también una escuela de escalada en roca, una capilla del siglo XVI y una iglesia del XVIII.
Un lugar más para visitar en Morelos es Tequesquitengo, donde existe un aeródromo para practicar paracaidismo.
En este lugar los principiantes con valor pueden lanzarse en tandem, que permite saltar junto con un experto, siempre y cuando se pese menos de 90 kilogramos.
Esta clase de paracaídas está equipada con un altímetro y un sensor que expulsa de forma automática otro paracaídas de emergencia, en caso de que llegara a fallar el principal.
Desde la ciudad de Cuernavaca, capital del estado, es fácil encontrar el camino que lleva a Tequesquitengo.



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