Crónica Puebla
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Los orgullosos habitantes de Puebla afirman que su ciudad es tan bella y perfecta gracias a que fue trazada por los mismos ángeles. Más allá de las leyendas, lo cierto es que esta urbe es una verdadera joya arquitectónica en la que en cada esquina surgen imponentes edificios civiles y religiosos que permanecen en el escenario urbano para dar testimonio de un glorioso pasado.
A menos de dos horas de la Ciudad de México, la Angelópolis ofrece a quien la visita la posibilidad de entrar en contacto con el arte y la historia en medio de una atmósfera colonial única que palpita en añejas y tranquilas callejuelas. En este sitio, declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad, en 1987, abundan las fachadas ricamente adornadas con argamasa, los ventanales y balcones revestidos de herrería y las cúpulas de talavera.
Fundada en 1531, como un enclave netamente español que serviría de paso entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México, Puebla de los Ángeles pronto se convertiría en importantísima urbe de la Nueva España y en uno de los máximos exponentes del bello estilo barroco mexicano que hoy puede apreciarse, sobre todo, en los abundantes templos, la mayoría de ellos ubicados dentro del denominado centro histórico.
El corazón del centro está constituido por el zócalo, un plácido espacio arbolado en cuyos alrededores se extienden algunos de los edificios civiles y religiosos más importantes, entre los que destacan la magnífica Catedral, dedicada a la virgen de la Purísima Concepción, con su portada en cantera gris y gran campanario. Este santuario además posee las torres más altas del país, con una altura de 74 metros. Su construcción inició en 1575, y en su interior, decorado con lámina de oro de 24 quilates, sobresalen el coro de marcado estilo morisco con incrustaciones en hueso, el altar de los Reyes y el impactante Ciprés con columnas de mármol estilo corintio.
A un costado de Catedral, también en el zócalo, se levanta el Palacio Municipal, de estilo neoclásico, que cuenta con dos niveles y una torre en cada extremo. De su fachada destaca un bello reloj que data del siglo XVIII y del interior, una escalera de mármol de carrara. Aunque de día el edificio no es deslumbrante, al caer la tarde su perfecta iluminación lo convierte en uno de los puntos más atractivos de la plaza principal.
Tan sólo a unas cuadras, sobre la calle 5 de Mayo, está ubicada la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, templo cuya modesta portada, adornada por la Cruz de Calatrava, esconde la capilla del Rosario, una de las obras del arte religioso barroco más hermosas del país y considerada por muchos la octava maravilla del mundo moderno. Data de la segunda mitad del siglo XVII y es verdaderamente opulenta por la profusión de ángeles y querubines de facciones indígenas y el oro que enmarcan la imagen de la virgen del Rosario, también ricamente ataviada. Antiguamente, el templo contaba con otra capilla, igualmente hermosa en el ala norte, que fue demolida a causa de la manifiesta oposición de la iglesia al gobierno liberal. En el callejón que se abrió en su lugar se instaló mercado La Victoria, hoy una moderna plaza comercial cuyo diseño se funde de modo perfecto con el entrono y que se abarrota los fines de semana.
Vecino a Santo Domingo se localiza el museo José Luis Bello y Zetina, una importante galería que alberga una sorprendente colección de antigüedades y de arte religioso procedente de los rincones menos esperados del mundo y que fue donada por el filántropo poblano José Luis Bello. Aunque este personaje nunca realizó un sólo viaje al extranjero, entre las piezas que se exhiben en la que fuera su morada se cuentan obras de Miguel Cabrera, Francisco Morales y El Greco, entre otros. Esto nos da una clara idea de la abundancia de arte que llegaba a Puebla en los tiempos en que ésta era el paso obligado entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México.
Si se sigue por la misma vía se llega al ex convento de Santa Mónica, edificación que data de 1606, habilitada en un principio para funcionar como alojamiento para mujeres nobles abandonadas por sus esposos y que luego fungió como refugio para aquellas sorprendidas ejerciendo la prostitución. Finalmente el lugar se convirtió en el hogar de monjas, las Agustinas Recoletas, quienes llevaban una vida de clausura.
A pesar de que las leyes de Reforma desalojaron a muchas religiosas de sus conventos, las moradoras de Santa Mónica lograron permanecer ocultas durante más de 70 años, hasta que en 1934 finalmente fueron exclaustradas y el convento se transformó en museo. Actualmente en él se exhiben pinturas y reliquias de importante valor artístico e histórico y además permite al visitante entender la forma de vida de las monjas.

Lo moderno y lo tradicional
Al poniente de la ciudad se ubica el Paseo de San Francisco, una obra de rescate del centro histórico que alberga al Centro de Convenciones de Puebla, recinto con capacidad para 2,500 personas. Su vanguardista arquitectura aporta una nueva y moderna faceta a la ciudad, a la vez que armoniza de modo perfecto con las partes más antiguas, como el Paso de San Francisco, sitio en el que se alojaban las fábricas textileras y hoy tranquila callejuela que conduce al templo de San Francisco.
Fundada alrededor del año 1550, esta es una de las iglesias más viejas de la ciudad y destaca por su bellísima fachada estilo churrigueresco adornada con coloridos mosaicos de talavera. En su interior, la capilla de la Virgen de la Conquista resguarda los restos de San Sebastián de Aparicio, patrono de los choferes.
Al cruzar el Boulevard 5 de mayo se alcanza el Teatro Principal, que colinda con el Barrio del Alto, uno de los más viejos de la ciudad. Aunque la arquitectura del recinto es austera, resulta de gran importancia histórica, ya que al ser construido en 1760 es el teatro más antiguo de Latinoamérica; aún está en funcionamiento. A unos pasos de aquí, el Barrio del Artista ofrece una mirada a la obra de pintores locales en medio de un pequeño pasaje adoquinado en el que también hay algunos cafés bastante concurridos.
El antiguo mercado de la ciudad, construido a fin de desalojar el zócalo de vendedores, está localizado justo enfrente y en él se pueden encontrar toda clase de artesanías, en especial la tradicional talavera, tejidos y los deliciosos dulces poblanos, como camotes, tortitas de Santa Clara, mazapanes y polvorones, mismos que también se expenden en las dulcerías de la calle 6 Oriente o antigua calle de Santa Clara.
En la contra esquina resalta la Casa del Alfeñique, cuya singular decoración a base de argamasa emula un dulce de alfeñique. Data del siglo XVIII y se afirma que su propietario le dio este diseño después de haberle prometido a la mujer que desposaría una casa con apariencia de dulce.
En su interior actualmente está alojado el Museo del Estado que exhibe documentos históricos, trajes de época y el vestido de china poblana, icono por excelencia del folclor nacional.

Los museos
Además de esta galería, la ciudad cuenta con un extenso número de museos. Entre ellos destacan el Regional de Puebla, que muestra aspectos de la vida prehispánica y colonial del estado; el Universitario, con sus pinturas religiosas y figuras de talavera; el Poblano de Arte Virreinal, antiguo Hospital de San Juan de Dios, cuidadosamente restaurado; el Amparo, inaugurado en 1991 y que cuenta con una prolífica colección de arte prehispánico, colonial y contemporáneo y que además ofrece asistencia interactiva en las distintas salas.
La ciudad de Puebla también cuenta con una variedad de sitios de descanso y esparcimiento. Entre los favoritos, se hallan, por supuesto, la Plaza de los Sapos, una antigua zona de la ciudad por la que solía pasar el río San Francisco y que tomó su nombre del croar de los batracios que prácticamente invadían el lugar.
El paso del tiempo convertiría a este vecindario en el sitio elegido por varios anticuarios para establecer sus locales y pronto se cerraría al tránsito vehicular a fin de convertirlo en un paseo exclusivamente peatonal.
Hoy en día este sitio es uno de los bazares más tradicionales de Puebla y cada domingo acuden a él miles de locales y turistas para adquirir originales artículos o simplemente para dar un paseo.
Aquí también hay una selección de restaurantes en los que se pueden degustar los platillos de la tan imaginativa y mestiza cocina poblana, como los chiles en nogada, las cemitas, el pipián verde o el mole, además del tradicional licor de pasita, servido en una infinidad de sabores en La Pasita, la cantina más antigua de Puebla.
Hacia las afueras de la ciudad están ubicados los Fuertes de Loreto y Guadalupe, escenarios de la cruenta batalla del 5 de Mayo, en la que el ejército mexicano venció a los franceses a pesar de la superioridad numérica de estos últimos.
En el Fuerte de Guadalupe se pueden apreciar los cañones originales empleados durante la lucha armada, mientras que la capilla del de Loreto funge como museo de sitio en el que se narran relevantes episodios de la historia del país.
También vale la pena destacar que el territorio poblano fue sede de importantes asentamientos prehispánicos, cuyos imponentes vestigios arquitectónicos nos acercan a nuestro pasado. Destacan el de Cholula, ubicado a unos minutos de la ciudad de Puebla, que floreció alrededor del segundo siglo de nuestra era y que llegó a albergar a más de 100,000 personas.
En este sitio arqueológico se halla la pirámide más grande de Mesoamérica, con una base de 402 metros de longitud y siete niveles de construcción y cuyo interior resguarda el Mural de los Bebedores, obra que escenifica una ceremonia en honor al dios del Pulque. Como era costumbre, tras la llegada de los españoles se destruyeron los templos indígenas y edificaron iglesias cristianas sobre ellos; es así como sobre la Gran Pirámide de Cholula hoy se levanta el santuario de Nuestra Señora de los Remedios, al que se accede a través de unas escalinatas empedradas.
También en Cholula, vecino al zócalo se ubica el santuario de San Gabriel, que fue levantado en 1529 sobre un santuario indígena dedicado a Quetzalcóatl y que muestra una fachada algo austera y de estilo renacentista. El ex convento se encuentra anexo al templo y en él aún se conservan bellos frescos con escenas religiosas.
Apenas a unos kilómetros, el vecino poblado de Tonantzintla es sede de la bellísima iglesia de Santa María, cuya construcción inició en el siglo XVI y que está decorada en el más puro estilo barroco mexicano, con muros y bóvedas repletos de arcángeles y querubines que aparecen entre motivos tropicales elaborados por la mano indígena.
El poblado de San Francisco Acatepec, a un par de minutos de distancia, alberga el templo del mismo nombre y que porta una fachada hermosamente ornamentada con coloridos azulejos de talavera trabajados por alfareros locales y un vistoso interior decorado a base de estuco.
Unos 40 minutos separan la ciudad de Puebla de San Martín Texmelucan, población en la que se localiza la ex hacienda de Chautla, un pequeño castillo situado en medio de un escenario boscoso y un aplacible lago artificial, construido en 1877 por el arzobispo de Oaxaca.
El sitio es ideal para pescar, pasear o simplemente para pasar el día contemplando el paisaje.
En definitiva, los atractivos de la ciudad de Puebla y sus alrededores son amplísimos. Y es que en cada rincón se puede encontrar un trozo de historia, alguna manifestación artística, antigua o contemporánea que sorprenda los sentidos y que haga de una simple visita una experiencia única y enriquecedora para el viajero.

Cualquier forma de volar es buena en Atlixco
Quizá porque es un lugar de ángeles, lo cual lleva en el nombre su ciudad capital, en el estado de Puebla existen varias formas de hacer realidad la fantasía de volar.
Ya sea en papalote, parapente, ala delta o en avión ultraligero, es posible surcar el aire a tan sólo dos horas de la Ciudad de México.
Pero, además, esto no es nada nuevo, ya que desde hace 17 años en la región de Atlixco se efectúan vuelos en Hang Glinder, aunque apenas hace un año iniciaron con el parapente.
En este lugar esta clase de actividades se realizan con facilidad gracias a las buenas condiciones naturales que hay por los vientos del sur que proceden del valle y que golpean al cerro de San Bernardino, a 20 minutos de la ciudad de Puebla de los Ángeles, lo que permite volar sin problemas.
Es por esta razón que en los últimos años ha aumentado el número de aficionados a este deporte de aventura, llegando a tener una afluencia de más de 30 en el aire los fines de semana.
Aunque en la región el vuelo se realiza de mejor manera y sin sobresaltos después de las cuatro de la tarde y hasta que el sol se pone, debido a que en ese lapso los vientos se mantienen estables y propician planear mejor.
El parapente es un paracaídas largo que permite mantenerse en el aire, pero para el que se requiere cierta destreza; en tanto que el ultraligero es un pequeño avión con motor para vuelos de recreación.
De marzo a junio es la mejor temporada para volar en Atlixco, mientras que en los meses de febrero, julio y agosto no es recomendable debido a los fuertes vientos que se registran durante el primero y a las lluvias constantes durante los otros dos.
Todos los mayores de 18 años que gustan de los deportes extremos pueden aprender parapente; sin embargo, no es recomendable para personas con sobrepeso mayor a 40 por ciento de su peso normal. Los menores de edad están obligados a volar junto con un instructor.
El equipo que se requiere es un arnés, paracaídas de seguridad, casco y tenis tipo bota.
Para el ultraligero es necesario llevar una chamarra delgada o rompevientos, tenis tipo bota y, por supuesto, cámara fotográfica o de video.
Quienes vuelan en Atlixco pueden admirar desde el aire un bello paisaje con un valle rodeado de cuatro volcanes: Popocatépetl, Iztaccíhuatl, La Malinche y el Pico de Orizaba; además de observar el lago de Valsequillo, la pirámide de Cholula y el cerro de Atlixco con su iglesia construida en la parte alta.
La gran pirámide de Cholula
Cholula se encuentra en la parte centro del estado de Puebla y es la ciudad habitada más antigua de México, con casi 25 siglos de ocupación continua. Desde el preclásico medio llegaron a este valle grupos de toltecas, quienes formaron aquí el mayor centro ceremonial de Anáhuac, convirtiéndolo en la Ciudad Sagrada. También fue asentamiento de olmecas, mixtecos-zapotecas, teotihuacanos y cuna de la cultura cholulteca.
Diversos son sus atractivos, como sus iglesias y conventos que datan del siglo XVI y XVII, pero el influjo de su zona arqueológica es especial, pues se trata de uno de los monumentos más grandes del mundo, cuya base mide 450 metros por lado, con una altura de 65 metros, dos veces mayor que la pirámide del Sol en Teotihuacán y cuatro veces más grande en volumen que la de Keops en Egipto.
Al momento de la conquista, Cholula era, además de un importante centro comercial, sede del culto a Quetzalcóatl. Su pirámide está dedicada al Dios de la Lluvia, Chiconahui Quiáhuitl. Este precioso símbolo de la ciudad está formado por varias pirámides superpuestas, ya que era una tradición que cada nueva generación, marcada por el inicio de un ciclo solar, cubriera la pirámide con adobe e hiciera una nueva sobre la anterior.
Por ello, cuando Hernán Cortés llegó Cholula la pirámide ya estaba cubierta, por lo que no fue destruida por los españoles sino que edificaron en la cima la Iglesia de Los Remedios.
A pesar del gran tamaño que tuvo la ciudad prehispánica, el área visitable se reduce a la gran pirámide y a algunos edificios asociados a ella. La mayoría de las estructuras que se encuentran a la vista fueron utilizadas para actividades religiosas, aunque se han localizado restos de habitaciones que, posiblemente, pertenecieron a los sacerdotes encargados del culto o a algunos gobernantes de la ciudad.
En el complejo hay ocho kilómetros de túneles, de los que sólo se puede
recorrer una parte. En la pirámide se puede observar el mural de las
Mariposas y en un edificio anexo el mural de los Bebedores de Pulque.
Como centro religioso en el Altiplano Central, sólo se ubicaba detrás de Teotihuacán. Además cuenta con un museo de sito. La zona arqueológica se puede visitar de lunes a domingo de 10 de la mañana a cinco de la tarde.
Por supuesto no se debe dejar de visitar la Iglesia de Los Remedios, construida sobre la pirámide cubierta de Cholula, que está dedicada desde 1594 a la virgen del mismo nombre, la cual simboliza la evangelización de los indígenas por los españoles. Desde su atrio se tiene una espectacular vista de los cuatro puntos cardinales, en especial del Valle de Puebla que está hacia el oriente. Cuenta en su interior con un vistoso altar de estilo neoclásico, al igual que el resto de su decoración.
A un costado de la pirámide se encuentra el recinto ferial de Cholula, en el cual se localiza el Centro Artesanal Xelhua, donde los artesanos de la zona exponen y vende sus productos. Además se presentan diversos espectáculos folclóricos, musicales y teatrales.
Otro importante sitio es el Convento Franciscano de San Gabriel, que se construyó de 1549 a 1552, en donde se ubica el Gran Teocalli de Quetzalcóatl, cuyos altares laterales son de estilo neoclásico, que se puede visitar al solicitar permiso a los religiosos.
Junto a éste se encuentra la Capilla de Naturales o Real, construida en 1540. En su enorme atrio subsisten tres capillas posas y en su interior la capilla Real posee 49 cúpulas, cuyo efecto óptico hace ver como si éstas no tuvieran fin.
Cerca de ahí se encuentra la Iglesia de Santa María Tonantzintla, el único ejemplo del barroco poblano popular. Su construcción se inició en el siglo XVII, en ella se puede apreciar una iconografía mexicanista compuesta por ángeles morenos, nichos con penachos de plumas, frutas tropicales como mango, coco, plátano, chile y, sobre todo, mazorcas de maíz, que moldearon las manos de los indígenas, quienes hicieron las yeserías plasmando así su propio universo.
Y otro importante lugar que no se debe dejar de visitar es la Iglesia de San Francisco Acatepec, la cual se construyó en el siglo XVII y es considerada una obra maestra del barroco mexicano. La máxima expresión de alarifes y alfareros poblanos, quienes cubrieron magistralmente la fachada del templo con piezas de cerámica elaboradas a mano utilizando principalmente loza de talavera.
En su interior impresiona la fantástica decoración de yesería por la profusión y brillantez de sus formas, así como por la expresión de sus imágenes.



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